Llevo años currando en una jodida piscina como socorrista y nunca antes me había pasado nada parecido, pero sin embargo doy gracias, porque no todos los dias se ven a dos pedazo de bombones montandoselo delante tuya y sin cortarse un pelo, yo obviamente, solo me pude dedicar a mirar y a cascarme una paja si me apetecía.

Resulta que en mi turno de tarde aparecieron estos dos auténticos pivones, en principio todo era normal, se tiraron al cesped con sus toallas correspondientes, lo caliente empezó cuando comenzaron a lanzarse miradas picantonas que hicieron que la temperatura subiese de tal forma que acabasen dándose el lote de una manera bestial, tanto que se acaban por comer el coño alli mismo la una a la otra y haciendo que yo me tenga que hacer una paja, que gran tarde fue aquella.

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